Cinco...
Tres...
Dos...
Cuatro...
Uno.
Tus ojos, al fin, abiertos,
Haciendo nacer al día.
Brindándole la conciencia de su propia existencia.
Magnánima diosa,
Relámpago de alegría.
Los cuadros del salón se desperezan los colores.
Los libros se frotan las palabras con la tinta por legañas.
Los discos tiran de las sábanas y enseñan su desnudez
A la ventana se le escapa un bostezo.
Te asomas-miras
Y das vida a todo lo que esta lleva dentro.
Magnánima diosa,
Relámpago de alegría.
Vuelves a mi lado y, como en los cuentos,
Me besas en la frente,
Me regalas un poquitito de mañana.
Un cuento de princesas y princesos
Pero sin enanitos burlones ni brujas con manzanas.
Llegas con los labios pintados de Cola-Cao
Y pones en mí esos ojos
Ojos que no son ojos.
Ojos que no sirven para mirar.
Ojos que son navajazos de navajas navajeras.
Ojos rasgados.
Ojos ojal.
Ojos no.
No mirar.
Ojos aguja.
Ojos de paja.
Ojos de aguja en un pajar.
Ojos no ojos.
Ojos de no mirar.
Ojos arena.
Ojos de alminar.
Ojos por los que pasa un camello con sus dos jorobas y algo más.
No ojos,
Para no mirar.
De tierra,
Agua
Y mezcladas con sal, el mar.
Un mar de lejos-lejos,
Gris-gris.
De tan lejos y gris...casi negro.
Un mar de olas y espuma.
Salpicado de bichejos,
De sirenas sin cola,
De arco iris sin colores.
Un mar de patas de palo.
Ultralejos el ultramar,
Ultragris el ultramar.
Y con tu mirada...
Todo tan cercano.
Ultralejos.
Muy-muy gris.
De tan lejos y gris...
...¿No es acaso todo igual?
Magnánima diosa.
Relámpago de felicidad.
domingo, 6 de abril de 2008
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